¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que los socialistas, etarras, comunistas y separatistas nos sigan “tocando los güevos”?

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CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN

Empecemos por reconocer que la expresión es un tanto grosera, pero pese a su procacidad, su osadía, su impertinencia… no deja de ser especialmente precisa, justificada, útil, rigurosa, e incluso obligatoria ante las frecuentes situaciones en las que nos sentimos abusados, vejados, tratados de forma irrespetuosa, indigna, en suma, maltratados.

Así se expresó el ciudadano norteamericano John Tyner en 2010 cuando fue cacheado en el aeropuerto de San Diego, momento en el que se negó a que lo cachearan, diciendo: “Si me tocas los güevos [“junk” en la jerga anglonorteamericana] haré que te arresten”. John Tyner se negó a pasar por el escáner de un aeropuerto. Grabó el altercado con una cámara oculta y lo acabó colgando en Youtube. John Tyner, es un programador informático que se acabó convirtiendo en un héroe para todos aquellos ciudadanos que consideran que la ingerencia del gobierno en sus vidas ha alcanzado un nivel excesivo.

Todo empezó cuando Tyner se negó a pasar por el escáner láser que “desnuda” a los pasajeros antes de subir a los aviones, y que en los EEUU suscitó una campaña nacional de boicot. El informático solicitó la alternativa, un cacheo manual, pero tampoco le pareció un mecanismo aceptable cuando le dijeron que le palparían la entrepierna.
“Si me tocas el paquete, te hago arrestar”, le dijo al policía, que inmediatamente hizo llamar a un supervisor al considerarlo una falta de respeto. A partir de ese momento la conversación se tornó acalorada y fue subiendo de tono. Después de explicarle la supervisora en qué consistía el cacheo, Tyner continuaba sin aceptar el cacheo: “No entiendo como un acoso sexual puede ser una condición para que yo pueda volar en avión”.
“Esto no es acoso sexual”, respondió la supervisora. “Lo sería si usted no fuera del gobierno. Sólo me gustaría que mi mujer, y quizás mi doctor me tocaran ahí”, replicó Tyner, que acabó abandonando el aeropuerto sin subirse al avión que debía llevarle Dakota del Sur…
En las mismas fechas que se produjo el altercado de Tyner en el aeropuerto de San Diego, California, estaba en plena ebullición el movimiento ciudadano (ahora se denomina “derecha alternativa”) que recibió en los EEUU el nombre de Tea Party, contra la actitud cada día más intervencionista del gobierno, que tanto en los EEUU como en muchos más lugares del mundo han llegado a tal extremo que se puede afirmar sin exagerar que “están fuera de control”.
Aunque la prensa mundial atribuyó el enfrentamiento verbal de Tyner con la policía del aeropuerto de San Diego, al descontento más que justificado de los pasajeros por inspecciones de seguridad que cada vez son más “invasivas”, hay algo mucho más profundo en juego: el conflicto entre el ciudadano y el Estado.

La terrible situación que está sufriendo España, una frase como aquella vuelve a tomar fuerza, merece ser rescatada de las hemerotecas, y no puede pasar desapercibida. Después de las últimas elecciones generales habidas en España, el 23 de julio, después de depositar su voto los partidos politicos, asociaciones de malhechores cuyo único objetivo es saquearnos, vivir de nuestros impuestos, de forma parecida a lo que le dijeron a Tyner: “Al comprar su billete, usted ha renunciado a un montón de derechos”, a los españoles se les está diciendo claramente que “al depositar su voto en la urna está usted renunciando a un montón de derechos”.

En el país del marketing, una frase como “Don´t touch my junk” (¡No me toques los “güevos”!) no podía ser desaprovechada, y de hecho ya forma parte de la cultura norteamericana. No es tan elegante como la famosa frase de Patrick Henry en 1775 al proclamar la independencia americana: “¡Dadme la libertad o dadme la muerte!”, pero “la época de Twitter tiene una cadencia diferente a la época del mosquetón”, como decía un artículo del Washington Post, que acababa con “Esta vez te has pasado, Gran Hermano. El gigante dormido despierta. Quítame los zapatos y el cinturón, hazme perder el tiempo y pon a prueba mi paciencia. Pero no me toques los cojones”.
Con lo rica, gráfica, metafórica, escatológica que es la lengua española, tuvo que ser un “anglohablante” el que pusiera de moda la expresión perfecta, las palabras precisas para nombrar lo que nuestros gobiernos deberían haber escuchado de nuestros labios hace mucho tiempo. A lo largo de nuestra historia nos hemos dejado avasallar por todo tipo de gobiernos intervencionistas, saqueadores, aceptando toda clase de servidumbre de forma más o menos voluntaria, resignándonos como borregos y “normalizando” que el individuo puede ser sacrificado por el interés general, por el “bien común” tal como repiten los capos, oligarcas y caciques de las asociaciones mafiosas que se hacen llamar partidos políticos. Nunca, desde hace ya mucho, demasiado tiempo (en España había que remontarse al levantamiento del 2 de mayo de 1808 contra las tropas napoleónicas), no hemos tenido lo que hace falta tener para plantar cara a nuestros gobiernos, a quienes han asaltado y se han adueñado del poder ejecutivo, del judicial y del legislativo.

John Tyner nos dio una lección con su actitud rebelde, y nos recordó de paso que cada uno de nosotros somos responsables de nuestra situación de postración ante quienes nos malgobiernan, y que hasta que entendamos lo que la ya famosa frase significa, no conseguiremos salir de nuestra situación de crisis política, económica y personal.

Pero, todavía hay una moraleja aún más profunda en la actitud de John Tyner: La idea de que ya apenas poseemos derechos, de que hemos renunciado a ellos para de ese modo tener el “privilegio” de poder realizar nuestras actividades cotidianas normales. Tyner hace de “Pepito Grillo” y nos recuerda que la servidumbre voluntaria es solamente responsabilidad nuestra y rebelarse contra el enorme poder del gobierno, la contestación es cada día más necesaria.

¿Debemos permitir que el Gobierno en funciones de Pedro Sánchez amnistíe a quienes en 2017 pretendieron romper España, debemos permitir que Pedro Sánchez y sus secuaces acaben aupándose núevamente al poder y comiencen, tal como vienen anunciando sin rodeos, de forma clara que pretenden destruir España, el régimen constitucional, la Monarquía Parlamentaria y acabar definitivamente con todo lo que huela a separación de poderes, debemos permitirles a Sánchez y sus secuaces que nos sigan endeudando e hipotecando (la deuda pública de España ya supera el billón y medio de euros), y poniendo en riesgo nuestro futuro y el de nuestros descendientes?

¡No, no me toques los “güevos”
¿Debemos permitir más injerencias, más intromisiones en nuestras vidas cotidianas, hasta el extremos de que los gobiernos nos digan lo que podemos comer y lo que no, lo que debemos beber y lo que no, o cómo debe la gente educar a sus hijos, o cómo debe amarse…?

¡No me toques los güevos!

Y así un largo etc.

E insisto: Todo esto sólo depende de nuestra docilidad, de nuestra cobardía, de nuestra sumisión. Depende de que nos dejemos intimidar por la autoridad del gobierno.

En los últimos años ha habido en algunas partes del mundo acciones más o menos espontáneas de ciudadanos que han demostrado que el ciudadano medio, el hombre y la mujer corrientes son capaces de defenderse cuando los acosan demasiado…

¿Seremos capaces los españoles de “echarle güevos” y sacudirnos el yugo del intervencionismo de los golfos, gángsteres de los partidos que tienen como objetivo destruir nuestra nación?

La Patria está en peligro, es necesario acudir a defenderla, congregarse en las puertas de los ayuntamientos de toda España el domingo, 10 de septiembre, a las 12 de la mañana para mostrar rechazo, repulsa a la amnistía que está promoviendo Pedro Sánchez; y para exigirle al mismo tiempo al Rey de España que abandone su estado de confort, se complique la vida y asuma las funciones ejecutivas que le condede la Constitución y frene -legalmente- a los golpistas, a los delincuentes que pretenden destruirnos…


¡No permitamos que nos sigan tocando los güevos!

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